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"Aquitania" o la nada hecha novela

Crítica de "Aquitania". Eva García Sáenz de Urturi (Planeta, 2020)

Nunca he renegado de eso que llaman bestsellers o literatura de gran consumo. Al contrario, la reivindico con naturalidad porque como -casi- todo en esta vida tiene y debe tener su digno hueco. A mi esas personas que se pasan los días observando el mundo con mirada grave desde su atalaya de autores desconocidos, conceptos ininteligibles -incluso para ellos- y discos soporíferos pues como que dejaron de impresionarme pasados los 25 años. No solo me da mucha pereza, sino que me parecen unos inmaduros. Porque no me los creo. Obligarte a renunciar al disfrute solo por mantener esa imagen impoluta de sesudo outsider... Ay qué tristeza, qué pereza y qué ridiculez.


Y es que qué bien entra de vez en cuando una lectura fácil. Un buen folletín con principio, nudo y desenlace. Así, lineal y potente. Una buena peli de tarde de Antena 3. El rollazo de un buen reaggeton. Ay, que yo solo quiero bailar y no romperme los cuernos con tus paranoias existenciales, que la mayor parte de las veces solo esconden un absoluto vacío intelectual. Porque no hay nada más difícil y a la vez más fácil que crear una pequeña joya capaz de conquistar y conmover a millones de personas.


Dicho esto. Qué rabia me da lo malo malísimo. Sea bestseller o literatura de autor. Y qué rabia me da cuando ni siquiera me entretiene. Y eso es precisamente lo que me ha pasado con la última novela de Eva García Sáenz de Urturi, flamante premio Planeta 2020. A mi la trilogía de La Ciudad Blanca me entretuvo. Bastante. Aceptando que los libros son muy irregulares, unos bastante más entretenidos que otros; que la escritura no destaca especialmente; que los giros argumentales a veces son un pelin sonrojantes, cuando no incoherentes; que los personajes tienen cierto tufillo a cartón piedra; y que el concepto #VitoriaGasteizvenycuentaloypordiosdarmealgunasubvencionporlapromoturísticaqueestoyhaciendo, te saca un poco de la historia. Aceptando todo eso -que yo también soy un pelín repelente, qué le voy a hacer-, los libros cumplen con lo que prometen: entretenerte, contarte una historia y mantener cierta intriga para que cada noche los cojas con gusto antes de irte a dormir. Descanso mental y evasión. Para qué quieres más.


El resultado es un pequeño bodrio plano, incoherente y lo peor de todo, aburrido. Soporífero

Pero ay, Eva, ay. Con ese engrendro que es Aquitania has pinchado hueso. Aburrida. Mala. Pretenciosa. Mira que Leonor de Aquitania es un personaje que da para un estupendo novelón. Incesto, intrigas palaciegas, traiciones, muertes, cruzadas... La madre de Ricardo Corazón de León lo tiene todo para construir una estupenda y adictiva novela. Y más o menos eso es lo que promete la contraportada de "Aquitania". Pero el resultado es un pequeño bodrio plano, incoherente y lo peor de todo, aburrido. Soporífero.


Es que en el libro no pasa nada. Lo que se anuncia como un apasionante thriller medieval se queda en un compendio de capítulos que transcurren uno tras otro sin que conectemos con los personajes, sin una sola investigación sobre la muerte que desencadena la supuesta trama. No hay evolución de los personajes y la que hay, se produce artificialmente. La propia Leonor queda desdibujada y, por más que se empeñen en aludir de vez en cuando a la mantícora que lleva dentro, el lector solo ve a una pobre pringada incapaz de regir su destino.


La "astuta" Leonor no fragua un solo plan exitoso y la novela se resuelve en los últimos capítulos, sin que la protagonista intervenga en nada en dicha resolución. Sus reacciones son incoherentes, la novela está salpicada de adjetivos gratuitos, de "muertes horripilantes" que no lo son tanto; de espías "infalibles" que fallan más que una escopeta de feria; de malos malísimos que asustan menos que mi gato. Y terminas el libro con la sensación de la nada más absoluta. Ni emociona, ni entretiene, ni aporta conocimiento histórico, ni lecciones vitales, ni placer literario. Nada de nada. La nada hecha novela.



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