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It's a sin: el SIDA y la justicia divina

Crítica de la serie "It's a Sin" (Russel T. Davies, 2020)

"It's a Sin", la última creación de Russel T. Davies ("Years and Years", "Queer as a Folk") es la serie de la semana. Y también una preciosa y brillante y tristísima producción que esconde magistralmente todos sus peros y fallos detrás de unos personajes que enamoran desde el primer minuto y una historia brutal que hiela el alma, por real y por cercana, en tiempos de una nueva pandemia.


"It's a Sin" se centra en los primeros años de la SIDA, en el Londres de los 80. Nos lo cuenta desde la perspectiva de cuatro chavales homosexuales que dan rienda sin complejos y con absoluta libertad a sus ganas de comerse el mundo y la vida y lo que se tercie en un Londres loco, abierto y libre, en las antípodas de los hogares asfixiantes y pacatos de donde proceden.


Durante los primeros capítulos de la serie disfrutamos de un precioso canto a la libertad, a la tolerancia, al disfrute y al goce de estar vivos. La sombra de una misteriosa enfermedad que parece afectar sólo a los "chicos gays" se cierne sobre los protagonistas como una especie de maldición de tintes de judeocristianos, tan lejana y tan perfecta en su relato del castigo al "sodomita", que resulta hasta risible para ellos. La juventud que tiene más ganas de vivir que miedo a morir, representada en este caso, además, por cuatro jóvenes que han pasado la mayor parte de su corta vida ocultando lo que son y sintiendo que lo que son es pecado, se rebela ante lo que consideran un nuevo intento del sistema de coartar su libertad.


La banda sonora es una maravilla que, hoy más que nunca, nos recuerda las ganas que tenemos de salir a bailar, a compartir y a diseminar y compartir fluidos con nuestros semejantes

Y, sin embargo, a la vida le dan igual las lecciones y la justicia, divina o terrenal. El VIH se ceba en Roscoe, Ritchie, Colin y su entorno. El virus que no sabe de sentimientos ni de castigos, pero sí de fluidos y de pura biología se transmite sin control entre el círculo homosexual de un Londres que tarda en entender que en un mundo global resulta ingenuo pensar que la enfermedad no saldrá de EEUU. Y la alegría y el desenfreno dan paso al miedo pero, sobre todo, a la conciencia de que la sociedad, una vez más, pacata, cruel y absurda, estigmatiza al diferente y asume su desgracia como un castigo merecido. Por su lujuria y vida pecaminosa. Crimen y castigo. Justicia divina frente al pecado.


Todo esto y más está contado con un estilo ágil y directo. Los personajes principales, encabezados por el carismático Ritchie, son los amigos que todos quisiéramos tener: divertidos, simpáticos, guapos y encantadores. La banda sonora es una maravilla que, hoy más que nunca, nos recuerda las ganas que tenemos de salir a bailar, a compartir y a diseminar y compartir fluidos con nuestros semejantes en una fiesta larga y loca que no acabe hasta que salga el sol. Todo ello oculta alguna que otra gotera argumental, alguna que otra conclusión simplista y algún que otro personaje excesivamente plano para su protagonismo e importancia en la serie, como Jill, la amiga-abnegada de los chicos, que parece existir solo y por ellos.


A pesar de estos fallos, "It's a sin" es una serie absolutamente recomendable, de la que disfrutar y sobre la que reflexionar. Porque lo que cuenta pasó hace no tanto y aún forma parte de nosotros.



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