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Los temibles tontos

No es que me las quiera dar de lista. Supongo que escribir un artículo echando pestes sobre los tontos y la tontería generalizada que invade nuestro mundo puede sonar un poco arrogante...

... y corro el riesgo de ponerme en la picota de todos cuantos aquellos consideren que yo misma puedo formar parte de ese multitudinario club que, paradójicamente, critico. Al fin y al cabo, se dice que sólo quien esté libre de pecado puede tirar la primera piedra y, haciendo balance, no estoy muy segura de contar con un expediente inmaculado en este sentido.


Pero como soy yo la que decide qué y cómo escribir en estas líneas, no me voy a privar del placer de desahogarme contra la insufrible ola de estupidez que amenaza con fagocitarnos, a los cretinos y a los que no lo somos tanto.


En general, se considera que tonto es casi sinónimo de bueno. Existe una visión idílica y naïf del bobalicón, del corto de mollera, del border line, del necio... Pues bien, yo opino que no hay nada más peligroso y dañino para la humanidad que un tonto convencido, que un absurdo encantado de conocerse, que esconde su falta de inteligencia y amplitud de miras bajo capas y capas de esa palabrería barata, hecha ad hoc para reconfortar los oídos de los demás tontos, creando una inquietante espiral de estulticia de lo más contagiosa.


No hay nada más peligroso y dañino para la humanidad que un tonto convencido, que un absurdo encantado de conocerse, que esconde su falta de inteligencia y amplitud de miras bajo capas y capas de esa palabrería barata

Antes a los tontos se les calaba enseguida. Algunos lograban colarse en ciertos ambientes pero enseguida se les pillaba y se procuraba no cederles demasiados espacios, por el bien común. Si bien es cierto que tontos ha habido muchos y muy ilustres, algunos que incluso han manejado países a su antojo durante demasiados años, afortunadamente, la inteligencia, el ingenio o, como mínimo, la cultura, se consideraban valores dignos y necesarios para ciertas labores.


Eso ya pasó a la historia. En la era de la posmodernidad, del dos y dos son cuatro, pero, según se mire, también pueden ser cinco, da igual saber o no saber, ser o no ser, tener o no tener, porque todo es lo mismo, aunque en la práctica, por más que se empeñen, ni todos somos iguales, ni valemos para todo. Los hay mejores y peores, buenos y malos, tontos sin remedio y muy listos. Sin embargo, dejamos que los idiotas se explayen a sus anchas, inoculando el peligroso virus de la necedad y la autocomplacencia en el ambiente, con la tranquila conciencia del cretino que arrullado por su cortedad de miras, sigue adelante con una tozudez asesina. Caiga quien caiga.


Así, hay alcaldes que retiran escudos de la época de los Reyes Católicos por franquistas, diputados catalanes que, considerando al rey Alfonso XIII culpable del mismo pecado, pretenden quitar su nombre a un cuartel… Los -y las- hay también que confunden el inocente género epiceno –que designa tanto al individuo masculino como femenino- de palabras como médico, con un machismo galopante, reduciendo el debate a una mera cuestión de ‘os’ contra ‘as’.


Los hay que, en la misma, línea duermen más tranquilo y se sienten adalides del progreso y la democracia por mentar a “los burros y las burras”, “los caballos y las yeguas” en textos oficiales sobre cuestiones ganaderas, porque hasta en la especie animal ha de haber igualdad de sexos. Incluso quienes no acaban de entender que en economía no existen fórmulas mágicas y que si gastas el doble de lo que ingresas y sigues sin llevar a cabo medidas para crear riqueza, las cuentas no salen y la mierda acabará saliendo por algún sitio… Quienes creen que la izquierda fue la inventora de la democracia mientras que la derecha es por definición totalitaria…


Tantas y tantas tonterías que hay que escuchar y sufrir cada día con el agravante de que en un mundo de tontos, el medianamente listo no es el rey, sino el apestado. No digamos ya, el que es listo del todo o culto –este sí que es un delito imperdonable-. Y es que, la estupidez no sólo es tremendamente contagiosa sino que se retroalimenta y crece a la velocidad del rayo, encantada de haberse conocido. Cuidado con ellos. Son peligrosos.


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