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La virtud de lo intangible

Me gustan las cosas abiertas. Esas que son difíciles de aprehender, de coger.

Me siento cómoda en ellas por puro optimismo. Porque me permiten creer que existen múltiples posibilidades y caminos con los que llegar a la meta, siendo esta cualquier destino al que llegues. Esa es la gracia de lo intangible, que no existe horizonte claro y, por tanto, eres tú quien decides si has llegado. Y, mientras tanto, solo tienes que imaginar como será, recrearte en su calidez y asumir que ese paso, da igual si es hacia la izquierda o hacia la derecha, es perfectamente válido.


Lo malo es cuando lo intangible se convierte en un fin en sí mismo. Cuando sociedades enteras deciden recrearse en absurdos diálogos sobre nadas, sin que nadie se atreva a ser el primero en señalar que el rey no sólo está desnudo sino sordo. La Capitalidad Europea de la Cultura 2016 de Donostia tiene mucho de ese afán de regodearse en lo intangible que nos caracteriza. Yo diría que es la máxima expresión del mismo. Y como no podía ser de otra manera, su ceremonia de inauguración fue la representación más perfecta de este fenómeno. La cuestión es que lo debía haber sido un espectáculo “único”, en el que “por primera vez la ciudadanía iba a ser protagonista del mismo”, acabo siendo un fiasco que cabreó tangiblemente a mis conciudadanos. Los 80.000 animados que se apostaron en las orillas del río Urumea no se enteraron de nada porque resulta que ese espectáculo del que iban a ser protagonistas estaba pensando en realidad para la TV. Y los cuatro gatos que lo vieron por la TV pensaron que tampoco era para tanto porque al parecer, “la realización fue muy mala”. En resumen, el espectáculo fue una mierdilla pretenciosa que no gustó a nadie, que costó mucha pasta y que terminó de dar la puntilla a un proyecto que no acaba de entenderse.


Me permiten creer que existen múltiples posibilidades y caminos con los que llegar a la meta, siendo esta cualquier destino al que llegues. Esa es la gracia de lo intangible, que no existe horizonte claro y, por tanto, eres tú quien decides si has llegado.

Me imagino al amigo Hansel Cereza, diseñador del espectáculo inaugural, explicando a los responsables del Donostia 2016 en qué iba a consistir el espectáculo. Ellos previamente le habrían contando de qué iba la cosa, y probablemente el creador no entendió nada. Tampoco le importó demasiado. Oyó muchas palabrería sobre “olas de energía”, “convivencia” e “innovación” y lo único que seguro que le quedó claro fue “600.000€”. Con eso, chorradas las justas. Después el devolvió su feedback a los responsables, utilizó palabras aún más huecas y estos entendieron aún menos. Seguro que les importaba un poco más que a Cereza pero a ver quién es el guapo que levanta la mano y pide concreción, “estoooo, vale, bien, pero de qué va a ir la cosa”. Lo mínimo que te pueden acusar es de violencia verbal.


Y así, entre unos y otros sacaron adelante un proyecto que nadie entendía, que nadie sabía muy bien en qué iba a consistir y como buena inconsistencia, cuando le tocó hacerse “carne” acabó en nada. Y no sé de qué nos sorprendemos, si nos ha costado cuatro años cree entender de qué iba esto de la Capitalidad. Una, que a pesar de lo dicho al principio, peca de simplona, pensaría de primeras que ser Capitalidad Europea de la Cultura significa que durante un año vamos a ser punto de referencia en lo que respecta a espectáculos, exposiciones, conciertos… Cultura de la de toda la vida, con perdón de las almas más elevadas.


Y sin embargo, en estos cuatro años nadie ha sido capaz de hacer llegar a la ciudadanía un sólo programa concreto sobre por donde iban a ir los tiros. Que sí, que los talos, y la convivencia, y los aizkolaris molan. Que el baga biga boga de Mikel Laboa tiene un punto. Que la paz y la energía y los ciudadanos y ciudadanas y el marco incomparable y y Donostia en sí misma son muy bonitos como conceptos. Pero ¿dónde está la chicha? En los 600.000€ que costó el espectáculo. Por la mitad, los de Bilbao habrían colgado a Mick Jagger del Puente Colgante y ahí sí que nadie habría tenido duda de qué iba la cosa.

Yorumlar


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